Grupo Folklórico el Pilar
Viajes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VOLKSTANZFESTIVAL
Alemania 2001

 

¡¡¡Nos vamos a Alemania!!! Esto es lo que dijimos todos cuando nos lo comunicaron. La buena relación que tuvimos con ellos en Vigo el año anterior y nuestras actuaciones les convencieron para invitarnos al festival internacional que organizan anualmente.

Las veintiséis horas de viaje en autobús fueron largas, pero las solventamos con la juerga que llevábamos encima, con el buen humor de los conductores (Chema repetía otro año), las pastas y el moscatel que trajo Michel por su cumpleaños y los infinitos e innumerables buñuelos que la madre de Blas hizo para todos nosotros. En las mesas traseras del autobús los más jóvenes nos transformamos por unas horas en "barmnas", y vasos de plástico llenos y vacíos pasaban de lado a lado del autobús con todo tipo de cócteles. Mientras, Victoriano, Alfonso y Nacho "nos deleitaban" con sus voces, no muy potentes pero sí desagradables.

Por fin estábamos en Balingen, y el recibimiento fue por todo lo alto. Ya se encontraban allí los rumanos y los mexicanos, y fueron éstos los que se arrancaron por rancheras; lo celebramos con la primera ronda de cervezas. Después nos tocó a nosotros y Alfonso les deleitó con típicas canciones de pueblo en fiestas: "El tractor amarillo", "si te ha pilla'u la vaca", "la cabra", "el patio de mi casa",... Una hora y media más tarde bajamos las maletas del autobús y nos instalamos.


La residencia era su sede social (Haus der Volkskunst), un inmenso caserón de madera de tres pisos al que no le faltaba detalle: dos pisos de habitaciones, numerosos baños, oficina, salones de ensayo con escenario, cocina industrial y un salón comedor con barra de bar, donde cada uno era su propio camarero, es decir, barra libre toda la semana: más cerveza de la que podríamos ingerir.

Sabíamos que la comunicación sería difícil, pero por suerte contábamos con Elena, la novia de Luis, que sabía alemán. Eso nos salvó en muchas ocasiones.

La primera actuación, el lunes 30, coincidía con el cumpleaños de Michel. Se trataba de un pequeño recibimiento por parte del primer alcalde de la ciudad Dr. Edmund Merkel en la que los diferentes grupos hacíamos una breve muestra de nuestro folklore. Al finalizar este acto, colocaron el "árbol de mayo", una antigua tradición lugareña. Esa misma noche, y tras la cena, volvió a comenzar la fiesta en el comedor de la Haus der Volkskunst, con el amigo Blas como protagonista.

El martes comenzó con la actuación en la plaza de Frommern alrededor del árbol de mayo junto con el resto de los grupos. Esa actuación no se le olvidará jamás a Raúl, ya que fue su última actuación en Alemania como componente del baile: Una desgraciada torcedura hizo que los ligamentos de su tobillo no aguantaran, y nuestro destino inmediato fue el hospital de Balingen, donde le colocaron una célula inmovilizadora que tuvo que llevar durante algo más de un mes. Es de agradecer la atención que mostraron tanto el personal del hospital, como los responsables del grupo alemán. Por la tarde actuamos en la plaza central de Balingen, con Raúl ya como rondalla.

El miércoles fue un día dedicado al turismo, puesto que por la mañana visitamos el castillo de los Hohenzollern, un espectacular complejo amurallado que hoy sirve de muestra de su legado: Coronas y todo tipo de joyas, vestidos, pinturas,... Por la tarde visitamos Tubingen, donde recorrimos la ciudad sobre unas góndolas a través del río Neckar. Este día también coincidió con un cumpleaños, el de Treme. La noche nos guardaba sorpresas; el grupo rumano era el encargado de organizarnos una cena típica rumana. Un licor que nos daba la bienvenida, y que nos hacía sudar, daba paso al caldo con sus albóndigas flotantes. Ya de madrugada, la música popular rumana invadió el comedor.

Al día siguiente nos trasladamos a la ciudad de Ulm, primero para actuar en la escuela Rudolf Steiner, después para comer allí, y finalmente para visitar la ciudad, y su catedral. Una curiosidad a destacar es que su torre es la torre de iglesia más alta del mundo. Por supuesto todos subieron, excepto los que no se atrevieron y yo, que todavía andaba cojo.

El viernes era el día esperado por todos: el de la actuación principal en el auditorio municipal de Balingen, y el de la fiesta española, que por tanto habría que organizar. Paquita, Treme, María Jesús, Susi, Mari Luz y Pili serían las encargadas de la cena. Esa fue la causa por la que no pudieron asistir al festival. Los demás, tras un breve ensayo en el auditorio, comenzó el espectáculo. El orden de actuación era Alemania y España en la primera parte, y Rumania y México en la segunda. Nuestra actuación fue inolvidable para todos nosotros, ya que tras finalizar nuestra representación, el público aplaudió de tal manera que nos hicieron volver al escenario dos veces, con la consiguiente repetición de la jota de Guara; como bien decía Jesús: "esto hay que vivirlo, hay que estar aquí uno pa´saber lo que es esto". Para mí, fue una de las sensaciones más emocionantes de mi vida, y eso que por mis circunstancias no pude bailar, y en la rondalla estas cosas se viven de forma diferente.


Al volver del auditorio nos esperaba la cena española. Las "madres" ya tenían todo preparado. El menú constaba de: Ensaladas con tomate, olivas negras y cebollas de Fuentes, pan con tomate y jamón de Teruel, queso, paella de conejo y pollo, y vino de Alfamén. Para postre, frutas de Aragón. Los comensales quedaron más que satisfechos, sobre todo por el vino, ya que desbancó por primera vez a la cerveza. La fiesta continuó de madrugada, ya que sabíamos que esta era nuestra última noche.

Por la mañana, y con resaca, no nos quedaba mucho más que hacer que recoger nuestros equipajes, con más pena que gloria. Tras despedirnos de nuestros anfitriones, montamos en nuestro autobús para volver a Zaragoza. Pero todavía nos reservaban una sorpresa: Veintiséis botellitas de licor atadas una a una en una cuerda que debíamos atar de delante a atrás del autobús y bebernos una cada hora de viaje. Así lo hicimos, y fuimos nosotros dos los encargados de bebernos la primera, todavía en la puerta de la "haus der volkskunst".

El viaje de vuelta lo pasamos durmiendo casi todo el tiempo, despertando respectivamente a quien debía beberse el licor. La semana nos había pasado factura y el cuerpo necesitaba descanso. El domingo despertamos estando todavía de viaje y celebramos el tercer cumpleaños de la semana: el de Irache, que cumplía dieciséis primaveras. El viaje para ella había sido especial.

Veintiséis horas más tarde de la salida llegamos a Zaragoza, y ya en nuestro destino los dos conductores se bebieron la última de las botellitas para celebrar el regreso. Allí nos esperaban nuestros familiares. El viaje había sido un éxito y sólo nos quedaba la esperanza de volver otro año, que será en el 2003.


Esther Plaza y Raúl Artigas. 2002

El Pilar de Aragón